Tanto si ha sido un descuido propio como si no, los accidentes ocurren y a veces son fatales. Siempre nos preguntamos qué podríamos haber hecho para evitarlo y ese será un aprendizaje para el futuro, pero este tipo de preguntas son, así las llamo, “preguntas imposibles”, porque no tienen una respuesta satisfactoria y la respuesta correcta no evita el suceso.
El dolor al comprobar que el tiempo sigue su curso y que no hay marcha atrás es común a todo proceso de duelo y es aún mayor en este tipo de pérdidas. El tiempo obliga a seguir adelante cuando el deseo imperioso es volver atrás.